Borja Ruete

Mi sitio en la red

Category: Ficción

El Legado de Sodoma, Capítulo I

[…] quam plures utriusque sexus personae propriae salutis immemores et a fide catholica deviantes, cum daemonibus, incubis et succubis abuti, ac suis incantationibus, carminibus et coniurationibus aliisque nephandis superstitiis et sortilegiis excessibus, criminibus et delicti […] 

[…] muchas personas de los dos sexos, olvidando su propia salvación y desviándose de la fe católica, tratan con demonios, íncubos y súcubos, y con sus hechizos, cantos, conjuros y otras nefastas supersticiones y sortilegios se dedican a excesos, crímenes y delitos […] 

 

 

                                                         Summis desiderantes affectibus 

        Inocencio IV, a 5 de diciembre de 1484 

                                                             Bula papal contra la brujería

Continue reading

Rojo carmesí sobre lienzo blanco (1)

sangre-en-la-pantalla-2021282

(Photo Credit: © Dreamstime)

CAPÍTULO I

10 de febrero, miércoles, 4:52 am

El teléfono sonó estridentemente. Satoru Takeuchi barbotó unas palabrejas inconexas y cogió el aparato a regañadientes, desde la cama. Aunque era policía, todavía no se había acostumbrado a las urgencias nocturnas. Como era de esperar, le llamaban de comisaría. Le informaron de que un grupo de jóvenes había descubierto dos cuerpos sin vida en un parque del barrio tokiota de Nerima ku. Al parecer volvían de una noche de karaoke y se habían encontrado con los cadáveres por el camino. Le dijeron que no eran sospechosos. Prometió que estaría allí en una media hora y colgó.

Continue reading

El guardián de las hojas

momiji (Fotografía: Aptinet)

Shinji Tanaka caminaba por el parque de Ueno. Lo hacía desde la juventud, como vía de escape de una ciudad que nunca dormía. Tokio, ese coloso de rascacielos y contrastes, de pantallas gigantes en Shibuya y de ahogantes marabuntas descontroladas. Una urbe que aun y todo, albergaba el refugio de la naturaleza en su propio corazón, como una especie de microcosmos maravilloso. Era un mundo de templos y árboles, lagos con barquitas, padres y niños, parejas sonrientes, pájaros cantores y cuervos graznadores.

Todo empezaba en primavera: en abril se derretían las capas de nieve que, como lágrimas cristalizadas, descansaban muy ocasionalmente sobre el suelo de Tokio. El ocaso del frío sustituía la cama nevada por el lecho de flores de cerezo; los sakura, belleza efímera, preludio del húmedo y caluroso verano de la capital nipona. Mientras el ser humano padecía entre oleadas de sudor y abanicos, los árboles de hoja perenne se preparaban para liberar su cabellera. Llegaba el otoño y sus colores, el momiji, las sendas de hojas mustias.

Y allí seguía Shinji Tanaka, jubilado y voluntario. Armado con rústicas herramientas, recogía incansablemente las hojas del suelo. Limpiaba los caminos y dedicaba todo su esfuerzo a mantener el brillo de la naturaleza. Una naturaleza que ya esperaba su final de ciclo: la época estival regresaría pronto. El señor Tanaka permanecería.

Rígor Mortis

degrain2

Desperté acuciada por las pesadillas. Me visitaban todas las noches, instándome a hacerlo. Ya había comprado la pistola, pero la tenía bajo llave en el fondo del cajón más oscuro. A mi lado dormía mi marido, asistido por los somníferos que yo había mezclado en su copa de whisky escocés.

Me levanté de la cama de puntillas y salí de la habitación. El único sonido que se escuchaba era el frufrú del camisón al deslizarse por las escaleras de caracol que daban al sótano. Abrí la puerta chirriante y observé a la amante de mi esposo. Sufría una herida en la cabeza, resultado de su tozuda resistencia. Y pese a ello, yacía allí  inerte, sumida en el profundo letargo de las drogas. A mi merced.

La arrastré por las escaleras con esfuerzo; la acosté junto a mi marido. Cogí el arma del cajón y esperé pacientemente a que despertaran. Juan abrió los ojos primero. Antes de que reaccionara tomé la pistola y apreté el gatillo. Los sesos se desparramaron por la cama y la pared. El cuerpo quedó tendido, con la cabeza maltrecha apoyada en la almohada y las piernas en una posición antinatural. La amante se despertó alarmada y vio el cañón apuntándola directamente. Disparé primero al hombro. Gritó. Suplicó. Comprendió. A continuación dirigí la mirilla al corazón, sintiendo el bombeo de la sangre; los latidos rápidos y nerviosos. Un disparo más, un breve quejido. Las palpitaciones cesaron.

Leí en la prensa que la policía había encontrado los cuerpos rígidos unos días después de los asesinatos. Por aquel entonces yo ya estaba fuera del país, lucía nuevo peinado y  un nombre más largo y exótico. Nadie sospecharía jamás de la alegre y vivaracha muchacha que sonreía a todo el mundo.

 

 

El comercial y la vieja candorosa

esopo

Ocurrió en el tercer piso de un destartalado edificio del barrio barcelonés de El Carmelo. Allí vivía Dolores Romero, una anciana nonagenaria natural de Andalucía. Como muchas personas de su generación, había emigrado con su marido a la ciudad condal a finales de los años cincuenta. Fue la crisis de la minería, unida a la miseria de la posguerra, lo que provocó el éxodo migratorio en la primera mitad de la infausta dictadura franquista.

Continue reading

La muerte en pausa

Hang Song Doong aka Mountain River Cave, Son Trach, Bo Trach District, Vietnam: A caver looking towards a doline. Dolines are created when the cave ceiling collapses inwards allowing daylight to stream in and the creation of unique eco-systems.    (Photo Credit: © ITV STUDIOS LTD./ Simon Reay)

(Photo Credit: © ITV STUDIOS LTD./ Simon Reay)

¡Al martirio, al martirio!bramó el populacho enfervorizado. Puños alzados y expresiones desencajadas. El prisionero entró a la plaza del pueblo renqueante, tratando de ocultar el rostro con sus manos desnudas. El pueblo esperaba su llegada y no tardó en acercarse, a pesar de los esfuerzos del alguacil por mantener la calma. Las primeras piedras sisearon y golpearon al asesino en la cabeza, los brazos y el torso. El hombre gritó e intentó protegerse, mientras los funcionarios de la ley se movían para contener al vulgo. Cuando la situación pudo controlarse, arrastraron al acusado al centro de la plaza: amplia, de antigua piedra grisácea, y despojada del mercado dominical para la celebración del juicio.

Continue reading

© 2018 Borja Ruete

Theme by Anders NorenUp ↑

Ir a la barra de herramientas