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Las Novelas a Marcia Leonarda fueron escritas por Lope de Vega a petición de doña Marta de Nevares. Esta mujer, amante, musa y madre de una de las hijas del poeta, influyó enormemente en la poética lopiana. El personaje de Marcia Leonarda, que aparece habitualmente en la prosa novelada de Lope, no es una figura cualquiera, sino el alter ego de Marta de Nevares.

Si algo caracteriza a la literatura del barroco en general y al estilo de Lope en particular (sin olvidar la erudición y la tendencia a la artificiosidad en la lengua), es la presencia del concepto de variedad: en las novelas se narran hechos de diferente naturaleza, y por lo tanto, es lógico pensar que un estilo uniforme no es el adecuado para todas esas situaciones. Parafraseando a Lope de Vega, en referencia a la variedad de episodios y tramas:

“Ya de cosas altas, ya de humildes, ya de episodios y paréntesis, ya de historias, ya de fábulas, ya de reprehensiones y ejemplos, ya de versos y lugares de autores pienso valerme, para que ni sea tan grave el estilo que canse a los que no saben, ni tan desnudo que de algún arte que le remitan al polvo los que entienden”.

La obra novelística lopiana combina originalidad con entretenimiento y saber, y se vale de todo tipo de recursos y estilos para que la combinación funcione; se trata de una prosa salpicada por fragmentos en verso, cartas, monólogos y digresiones. Toda esa amalgama de recursos conforma una unidad rica y variada.

Para Lope de Vega la novela era un género cuanto menos espinoso. Carecía de modelos prestigiosos en lengua española. En el extranjero, la acepción de “novela” equivalía básicamente a cuentos cortos, aunque tal y como lo menciona Antonio Carreros (“Novelas de Marcia Leonarda”, editorial Cátedra), “su desarrollo narrativo, si bien limpio de erudición, era más profuso y variado”. Así las cosas, el propio Lope refleja en las páginas de las Fortunas de Diana su inseguridad a la hora de abordar la petición de Marte de Nevares. Escribía: “nunca pensé que el novelar entrara en mi pensamiento”. Y continuaba así: “ha sido novedad para mí, que aunque es verdad que en el Arcadia y Peregrino no hay alguna parte deste género y estilo, más usado de italianos y franceses que de españoles, con todo eso es grande la diferencia y más humilde el modo”.

El tópico horaciano, aut prodesse volunt aut delectare poetae (entretener y enseñar), está muy presente en la poética de Lope de Vega. Sin embargo, el autor vincula de alguna manera el género de la novela con la comedia: “Demás que yo he pensado que tienen las novelas los mismos preceptos que las comedias, cuyo fin es haber dado su autor contento y gusto al pueblo, aunque se ahorque el arte; y esto, aunque va dicho al descuido, fue opinión de Aristóteles”. El filósofo griego, Aristóteles, nunca destacó la novela como género narrativo. En su poética se limitó a definir la épica y la tragedia, y la separó de la narración ficticia, escrita en prosa. La novela es una derivación de la épica y se distingue de la epopeya por su carácter eminentemente ficticio.

La verosimilitud de la novela lopiana se apoya en un componente ciertamente autobiográfico. Ya se ha mencionado previamente que la Marcia Leonarda de sus obras se corresponde con doña Marta de Nevares. La musa de Lope de Vega se había casado con un hombre que el poeta no dudaba en menospreciar en sus escritos, y todo ello a pesar de haber tomado los hábitos eclesiásticos. En cualquier caso, Marta de Nevares fue la que encargó las novelas a Lope de Vega. A través de sus novelas, el escritor introduce a su amada a varios niveles; por un lado, Lope se dirige directamente a la persona real, a Marta de Nevares: “No he dejado de obedecer a vuestra merced por ingratitud, sino por temor de no acertar a servirla (…)”. Por otro lado, Marta es interlocutora y lectora; se produce un diálogo continuo en entre los dos. Además, se convierte también en un personaje ficticio, en Marcia Leonarda.

En conclusión, las Novelas a Marcia Leonarda tienen como pilar principal a Marta de Nevares. Toda esta prosa gira en torno a la figura de la mujer que Lope tanto había anhelado.