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hanamiFuente de la imagen

La primavera es una estación importante en Japón. Es el momento en el que uno de sus grandes símbolos, el cerezo, florece antes de recuperar su pelaje verdoso. Suele ocurrir en marzo o principios de abril, dependiendo de las temperaturas (en Okinawa lo hace antes debido al clima tropical). Durante no más de una semana, los tonos rosáceos y áureos colorean un paisaje lleno de vitalidad. Los suelos quedan decorados con una alfombra de flores que sobrevuela a ritmo de viento templado.

El hanami (花見, literalmente “contemplar flores”) es una tradición que hunde sus raíces en las elites de la corte imperial, aunque los antiguos samurái la adoptaron muy pronto. El concepto de belleza efímera se  correspondía con el ideal de la casta guerrera: morir en el momento de máximo esplendor. A menudo, cuando los samurái cometían el suicidio ritual (seppuku),  lo hacían bajo las sombras de un cerezo.

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En la actualidad se vive más como una festividad. Japoneses de todas las edades se reúnen en parques para disfrutar de la naturaleza en compañía. El toque moderno lo dan las cámaras de fotos y los teléfonos móviles, que retratan incansables a los árboles en pleno apogeo. Tampoco faltan la comida ni la bebida. De hecho, son un elemento indispensable del hanami de hoy día. Se trata básicamente de una especie de pícnic, aunque sólo el que lo vive puede palpar ese algo diferente, llamémoslo espiritual, que no se puede definir con palabras exactas.

Es una fiesta corta pero intensa. Durante el breve lapso de tiempo en el que los cerezos están en floración los parques se llenan de gente, hasta el punto de que a veces resulta complicado encontrar hueco en las zonas más populares.

El que haya viajado a Japón sabrá que no resulta sencillo encontrar papeleras. La recogida de basura está muy regulada y se separan los residuos siempre. Sin embargo, es habitual encontrar algunos contenedores en los konbini (pequeños supermercados que abren las 24 horas del día). ¿Pero qué ocurre en época de  hanami? Los propietarios de los konbini situados en las inmediaciones de los grandes parques son conscientes de que al finalizar la jornada, muchas personas van a llenar sus papeleras. Por lo tanto, lo que suelen hacer es quitarlas directamente. ¿Y qué pasa con la basura que generan esas personas? Pues bien: cada persona o grupo llena su bolsa y luego la deshecha en su domicilio. Esta es una de las cosas que más envidio de los japoneses. A diferencia de España y de Europa en general, en Japón se respeta el espacio público y resulta inconcebible tirar siquiera un trozo de papel al suelo.