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xboxone

La gestión de la marca Xbox durante la presente generación está siendo lamentable. La estrategia de Don Mattrick, antiguo responsable de la división, se ha difuminado entre críticas y rabietas furibundas. Esa intención de Microsoft de endilgarnos una máquina repleta de restricciones no pudo ser justificada ni por la propia compañía. Las explicaciones vacuas y poco convincentes contribuyeron a desencadenar las reacciones contrarias. Y allí, oculta entre bambalinas, PlayStation 4 esperaba su momento.

Una vez que se constataron las críticas feroces y los titubeos de Mattrick, Sony salió de su escondite y se erigió como ángel de la redención. Así surgió el manido y cuestionado lema: “Para vosotros jugadores”. Y todo ello después de eliminar el juego online gratuito y de precarizar el servicio PlayStation Plus. Aprovecharon el momento de debilidad de la competencia para dar el golpe perfecto. Y lo hicieron de maravilla, no hay ninguna duda al respecto.

Otro de los grandes pilares de la estrategia de Xbox One era Kinect. El cacharro que encareció el precio de la consola cien euros con respecto a PlayStation 4 iba a ser requisito obligatorio para disfrutar de la consola. Se prometió la luna, pero se dieron migajas. Otro tanto con la nube. Palabras bonitas y un buen envoltorio. Y tal y como suele pasar cuando las promesas se las lleva el viento, un buen día se anuncio que Kinect ya no iba a venir de serie. Y Microsoft la abandonó. El aparato que abanderaba Xbox One pasó a ser poco más que un pisapapeles. De los caros.

El efecto de la retrocompatibilidad, que fue aplaudido merecidísimamente, se ha ido apagando con las noticias de las últimas semanas: uno de los grandes exclusivos de la consola, Quantum Break, se lanzará también en PC. Da la impresión de que Microsoft quiere centrar sus esfuerzos en potenciar Windows 10 y su tienda online. La duda que me ronda en la cabeza es si estas decisiones van a lastrar o no a la marca Xbox. Después de todo, los exclusivos son importantísimos en una consola; queda la duda razonable de si Gears of War y Halo van a continuar como productos exclusivos o si van a seguir los pasos de Quantum Break.

A juzgar por el reciente cierre de Press Play y Lionhead Studios, Phil Spencer, actual mandamás de la división de Xbox, tiene poquito que decir sobre las decisiones que está tomando la compañía. Pocos días antes del cierre, Lionhead Studios seguía con su actividad en las redes sociales y anunciaba en Twitter la presencia de Fable Legends en un evento programado para el 12 de marzo. Nada hacía presagiar el fatal desenlace.

Evidentemente, no estoy dentro de la empresa y navego en las aguas turbulentas de la especulación, pero creo que hay cierta descoordinación entre la empresa matriz y la división de Xbox. Es cierto que la consola no tiene el tirón de PlayStation 4, pero las estimaciones aseguran que se han vendido en torno a 20 millones de máquinas. Una cifra nada despreciable que debería hacer, de una vez por todas, que se consensue una estrategia unitaria, sin fisuras ni sorpresas desagradables.